sábado, 4 de febrero de 2012

3.- Otra vez ha vuelto a pasar.

Cuando pasaron los días, empecé a codearme con Jack, mi hermanastro. 




Hablábamos mucho y pasábamos también mucho tiempo juntos, hasta que un buen día, sin sabes como, surgió, nos encontrábamos él y yo en una habitación de la mansión (De las millones que hay), y cuando me quise dar cuenta, estaba entre sus brazos, acariciándonos y haciendo cosas nada cristianas. Me volvía loca, me hechizaba, su cuerpo me perdía, aunque también él mismo, su personalidad, su forma de hablar, todo, todo me gustaba de él, así que nos dejamos llevar entre esas sábanas llenas de lujuria.
Como era normal, a partir de ahí estaba un poco confundida, ya que aun no eramos nada, incluso estaba temiendo que me lo quitara Sthela, su prima.




Por que también se pasaba mucho tiempo con ella y conociéndola como la conocía, no se tramaba nada bueno, y, como es normal, temí por mi nuevo amor, Jack.
Un día me atreví a pedirle que entablásemos una relación entre nosotros, pero él estaba confuso y me rechazaba, y lo comprendía, por que éramos primos... Pero entonces, ¿por qué hicimos lo que hicimos? ¿por qué me enamoró? ¿A caso me estaba utilizando para ese día que a lo mejor se había levantado "un poco calentito"? Las preguntas invadían mi cabeza y a mi él cada vez me iba gustando más.


Cuando pasaron unos días, Jack terminó de decorar su nueva habitación.


Yo: ¡Por fin terminaste de amueblarla!
Jack: Pues si.
Yo: ¿Y esos tacones de quién son? -Señalé unos tacones que se hallaban a un lado de la habitación.
Jack: No sé -Los metió debajo de la cama.
Yo: Eh, espera... Esos tacones me resultan familiares.
Jack: ¿Eh? ¿Son tuyos?
Yo: Pues claro.
Jack: Me gustan -Me los devolvió. 
Yo: A, ¿si? Pues a mi me gusta tu cama -Me senté en ella y empecé a botar y a pegar saltitos.
Jack: Si, está muy blandita.
Yo: Pronto es tu cumpleaños, ¿qué quieres que te regale?
Jack: Te doy una pista, ¿vale?
Yo: Si, por favor.
Jack: Empieza por "J". 
Yo: Con una sola letra no puedo acertarlo.
Jack: Pero serás tonta -Dijo entre risas.
Yo: ¿Por qué soy tonta? No lo se y punto.
Jack: Es la "J" de Jessy -Me agarró de la nuca y juntó sus labios con los míos en un beso.
Yo: Menudo regalo... -Lo miré a los ojos.
Jack: Es el regalo que más deseo.
Yo: Yo también.
Jack: ¿Nos ves que eres lo que más quiero? No puedo soportar no tenerte...

No dije nada, simplemente lo besé lo mejor que pude.

Jack: Por fin puedo decirte...

2.- Y aquí entro yo, Jessy Keneddy.

He salido con muchos chicos y de otros tantos tengo alguna historia y aventura, algunas divertidas, otras tristes y unas cuantas más.
Ahora estoy "saliendo" con John, pues si, ese mismo John, mi primo lejano. Parecerá raro pero es cierto, aunque más cierto es el amor que siento hacia él, es tierno, amable, cariñoso y muy, muy guapo, es este:



Los dos nos queremos y nos lo hemos pasado muy bien, incluso hemos contemplado como nacían sus cachorritos, bueno, los cachorros de la perrita de John. 
Pero... No sé que pasó, ni como, ni por qué... John y yo no hicimos ni una semana apenas, las cosas cambiaron, ya no había tanto roce, tantos besos, incluso deduje que ya no me deseaba, todo fue regular, a mal, a peor, y, como tenía que pasar, él rompió conmigo...
Esos días fueron los peores de mi vida, creí que era mi chico, el indicado, el cuál me haría vestir un precioso, largo y deslumbrante vestido de novia, pero no fue así, no se por qué fue, quizá por mis celos (soy bastante celosa), quizás por otra chica, el caso fue que me dejó. Yo estaba fatal, peor aun me ponía cuando veía a los dos tortolitos de la familia, Ale y Astrid, si, Ale, mi hermano y Astrid mi hermana adoptada:

Ale Keneddy

Astrid Keneddy


Ellos dos se querían, eso si que era amor, amor verdadero, no conseguías separarlos, nadie podía ni podrá hacerlo. Siempre iban juntos y nadie, repito, nadie se metía con Astrid (tampoco con Ale), nunca había visto defender y dejar en tan buena posición Ale a alguien, apuesto que Ale hubiese dado su vida por ella, pero qué vamos, Astrid tres cuartos de lo mismo.
Ale fue el que me ayudó a superar lo de John, estuvo conmigo noche y día, diciéndome que no podía estar triste, que tenía que alegrarme, que tenía que dejar el pasado atrás, y como era normal, me di cuenta de que Ale decía la verdad y consciente de sus palabras, le hice caso y fui afrontando, fui dejando de llorar por John, de hacerme daño a mi misma. 
Ale, para sacarme una sonrisa de los labios, decidió que fuésemos "hermanitos especiales" y menudo fue, que lo consiguió, Ale consiguió que no llorase más, ni que mi boca se curvase hacia abajo, nada de eso volvió a ocurrir.